Rafael regresó lentamente.
Primero minutos, luego horas, luego días.
Regresó sin exigir nada, simplemente se quedó.
Carolina lo necesitaba.
Yo también.
Y de ese reencuentro nació Pedro.
No era un cuento de hadas: era la vida real.
Y a veces la vida real es más bella que los cuentos de hadas.
Susana Duarte